Vivimos en una cultura que nos dice que el amor es sentir mariposas,
emocionarse, estar de buen ánimo.
Pero…
¿qué pasa cuando las emociones se apagan?
¿Cuando el cansancio llega?
¿Cuando amar ya no es fácil?
Hace años aprendí una verdad que nunca olvidé:
el amor no es solo un sentimiento, es una decisión.
Una lección inesperada en un retiro matrimonial
Cuando María y yo recién nos casamos, asistimos a un retiro matrimonial.
La verdad… pensábamos que no lo necesitábamos.
Estábamos en plena luna de miel.
Todo parecía perfecto.
Sin embargo, una frase quedó grabada en mi corazón para siempre:
“El amor es una decisión.”
Nos explicaron que el amor no se sostiene únicamente con emociones,
sino con decisiones conscientes que se renuevan cada día.
Para ilustrarlo, usaron una historia que jamás imaginé escuchar en un retiro matrimonial:
Don Quijote de la Mancha.
Don Quijote y la mirada del amor
Don Quijote ve en Aldonza Lorenzo —una mujer despreciada por su entorno—
a Dulcinea del Toboso, su dama noble y pura.
Mientras el mundo ve defectos,
él decide ver dignidad.
Para Don Quijote, ella no es lo que otros dicen que es,
sino lo que él decide verla ser.
Y ahí entendí algo poderoso:
Amar no es esperar perfección, es decidir amar en totalidad.
Cuando el amor se prueba de verdad
Años después confirmé esta verdad escuchando, en Enfoque a la Familia,
la historia real de Robertson y Muriel McQuilkin.
Robertson era presidente de una prestigiosa universidad bíblica en Carolina del Sur.
Su vida profesional estaba en la cúspide.
Pero todo cambió cuando Muriel, su esposa, fue diagnosticada con Alzheimer a los 55 años.
La enfermedad avanzó lentamente,
hasta que Muriel perdió su memoria, su independencia…
y eventualmente, dejó de reconocer a su propio esposo.
Muchos le aconsejaron a Robertson delegar su cuidado y continuar su carrera.
Pero él tomó una decisión que impactó al mundo entero.
Renunció a su cargo.
En un discurso inolvidable dijo:
“La presidencia de la universidad alguien más la puede ejercer,
pero ser el esposo de Muriel… solo yo puedo hacerlo.”
No lo hizo por obligación.
Lo hizo por amor.
Porque ya había tomado esa decisión en el altar:
amarla en la salud y en la enfermedad.
El amor que no espera nada a cambio
Incluso cuando Muriel ya no sabía quién era él,
Robertson siguió cuidándola con paciencia, ternura y fidelidad.
Su amor no dependía de lo que podía recibir,
sino de lo que había decidido dar.
Ahí comprendí algo profundo:
El amor verdadero no se mide por la reciprocidad,
sino por el compromiso.
Tres lecciones sobre el amor incondicional
1 El amor es una decisión diaria
No siempre es fácil.
No siempre es cómodo.
Pero se demuestra en actos pequeños, constantes y fieles.
2 El amor no depende de la respuesta del otro
Amar de verdad es dar, aun cuando no hay aplausos ni reconocimiento.
3 El amor transforma y da propósito
La decisión de Robertson no solo marcó su vida,
sino que inspiró a miles alrededor del mundo.
Cierre
El amor no es solo lo que sentimos.
Es lo que decidimos.
Es elegir amar cuando cuesta.
Es permanecer cuando sería más fácil irse.
Es reflejar el amor de Cristo, que nos amó aun cuando no lo merecíamos.
“Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.”
1 Juan 4:19
Que nuestras relaciones no se sostengan solo por emociones,
sino por decisiones firmes, llenas de gracia y compromiso.

