De forzado a
enamorado: cómo los libros se convirtieron en mis mejores aliados
¿Alguna vez
comenzaste algo por obligación…
y terminaste enamorándote para toda la vida?
Así empezó mi
relación con los libros.
No fue amor a primera vista.
Fue más bien una cita forzada, incómoda y sin expectativas.
Y, sin embargo,
terminó siendo uno de los romances más duraderos de mi vida.
Cuando leer
era una tortura necesaria
En la secundaria
nos obligaban a leer.
No era opcional.
Si no leías, no había calificación.
Ahí estaba yo,
leyendo a regañadientes obras como Raza de bronce, La niña de tus
ojos, La Odisea y La Ilíada, convencido de que esa tortura
literaria terminaría felizmente al graduarme.
Leía como quien
come brócoli solo para cumplir con el doctor.
Pensaba: “Esto se acaba pronto”.
Pero algo extraño ocurrió…
De la
obligación al gusto inesperado
Poco a poco, lo
que hacía por obligación empezó a gustarme.
No sé si fue Homero con sus guerras y dioses vengativos,
o el simple hecho de descubrir historias más grandes que mi propio mundo.
Lo cierto es que
pasé de odiar los libros a disfrutarlos,
aunque seguía pensando que La Ilíada debería traer un manual de
instrucciones.
Con mis amigos
comenzamos una pequeña competencia:
ver quién tenía la biblioteca personal más grande.
Comprábamos
libros de segunda mano —porque no había presupuesto—
y presumíamos autores que probablemente no entendíamos del todo.
Pero ahí estaban, oliendo a papel viejo y sabiduría acumulada.
La biblioteca
que tuve que dejar atrás
Antes de emigrar
a Estados Unidos, tuve que despedirme de mi biblioteca de casi 100 libros.
Fue como dejar una parte de mí.
Decirme adiós a
García Márquez, Cervantes, Homero, Medinaceli y Neruda fue casi una tragedia
griega.
Y créeme… dolió.
Pero la historia no terminó ahí.
Libros,
escuela dominical… y una historia de amor
Al llegar a
Estados Unidos, cuando tuve un poco de estabilidad, el hábito regresó.
Y regresó con fuerza.
Fui nombrado
maestro de escuela dominical para niños de 9 a 11 años,
y ahí los libros volvieron a ser mis aliados.
Y sí… fue en
una librería donde conocí a mi futura esposa María
(esa historia la cuento en otro blog).
Cuando comenzamos
a salir, descubrimos un pequeño desafío matrimonial:
- María amaba las tiendas de ropa
- Yo
amaba las librerías
Ir juntos de
compras era una prueba de paciencia espiritual.
Hasta que un día
tuvimos una revelación divina (o muy práctica):
“¿Y si dejamos
de arrastrarnos a nuestros respectivos calvarios?”
Así nació nuestro
acuerdo matrimonial:
- Ella iba feliz a sus tiendas
- Yo me perdía feliz entre libros
- Todos
ganábamos
Trabajo en equipo puro.
Cuando los
libros se volvieron vocación
Años después,
Dios me abrió la puerta para trabajar en Editorial Vida.
Para mí, eso era Disneylandia.
Recibía, revisaba
y recomendaba libros.
Cada caja nueva era como un regalo.
Luego vino otro
capítulo:
abrir mi propia librería…
y después una distribuidora.
Hoy sigo rodeado
de libros físicos, digitales y audiolibros.
Han sido mis mentores silenciosos, mis compañeros de viaje.
Y ese amor por la
lectura me llevó a un nuevo nivel:
convertirme en autor.
Ahora no solo leo
historias…
también las escribo.
Y escuchar
testimonios de personas que han sido ayudadas por algo que escribí
es una de las mayores satisfacciones que Dios me ha regalado.
Cinco
lecciones sobre el hábito de la lectura
1?? Lo que empieza como obligación puede terminar en
pasión
A veces Dios usa
lo incómodo para despertar algo profundo en nosotros.
2?? Los libros son amigos fieles
Aunque no siempre
los entendamos a la primera… ahí están, esperando.
3?? Nunca es tarde para comenzar a leer
No importa la
edad.
La lectura siempre llega a tiempo.
4?? Tu biblioteca refleja tu viaje personal
Cada libro cuenta
una etapa de tu crecimiento.
5?? Leer abre puertas que nunca imaginaste
A mí me llevó a
una editorial, a una librería, a una distribuidora…
y a convertirme en autor.
¿A dónde te
llevará a ti?
Cierre
Sigue leyendo.
Sigue creciendo.
Porque la vida
siempre es mejor
cuando tienes una buena historia entre las manos.
“El sabio
atesora conocimiento.” –
Proverbios 10:14

